Ir al contenido principal

De los niños interiores y otras historias de locura


Ahí estaba ella, lavando los platos. Sacudía la cabecita, los cabellos despeinados rebotando acá y allá. Tenía jabón hasta los codos y los dedos arrugados. Abría y cerraba la canilla, trataba de rascarse el mentón o un hombro con algún dedo más limpio que los otros nueve. Apoyaba las caderas en la mesada, hacía ya mucho rato que estaba ahí.
Y se miraba desde lejos, desde la espalda, se veía lavar, cantar en silencio, mecer la cabeza y hablar con alguien que no estaba ahí por el simple hecho de odiar el silencio y tener esa necesidad de hablar que pugnaba por salir de lo más profundo de sus entrañas inquietas, de su hermosa y ruidosa mente.
—Te faltó un poquito ahí —se dijo.

Y un poco más allá estaba él, lejos en su mundo, con la cabeza que estallaba de ruido y el pecho que se le abría a la mitad de bronca.
Daba un paso y tropezaba, se tiraba de los cabellos y terminaba por arrancarse alguno. Rechinaba los dientes, tenía más calor.
Hasta que aparecieron sus cinco años. Descalzo, con la nariz sucia y las manos pegajosas se miraba y sonreía. Era la persona más feliz del mundo en ese momento.
—¿Vos estarías enojado? —se preguntó, sin mirarse, medio con bronca, medio con vergüenza.
—No, no creo —se respondió, encogiendo los hombros, aplastando una hormiga viajera con  el talón desnudo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Anisóptera

Reach

The sky was red. Bluish, orange, red. Blinding when facing the sun. She had her head on the edge of the matress, her endless hair falling downward, softly swiping the floor. Lying across the bed, her lower back was on the other edge and her legs ascended all the way up the wall to the window, where her feet rested, and danced, and swayed embeded in the sunset's orange light. She had her eyes closed, her lips barely half-open, her fingers intertwined, resting atop of her stomach, which gently moved up and down with every breath she took. Regarding him, he was sitting a little more over there, his back against the wall and his head against the window, his feet on the floor. Still, silent, looking at her without knowing she noticed it. He was just a movement of her hand away, and she had no trouble admiting she wanted to touch him, that she wanted him to touch her. She wanted a little intimacy, fingertips, a first time, goosebumps, a shiver, a smile. But she only heard him breathe i…

Azahares