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Mostrando entradas de 2018

Chit-chat

Se te cruzó, pasó justo por adelante tuyo. Bueno, "adelante" porque siempre tenemos la pantalla del teléfono frente a la cara. Habías estado hablando con un puñado de personas a la vez. Banalidades, siempre las mismas preguntas, siempre las mismas respuestas, pero está bueno conocer gente de otros lados. Con él también hablabas banalidades, of course, pero pasaban a ser más divertidas, diferentes, interesantes, quién sabe. Tenían ese gustito a adrenalina que nadie puede resistir. Dejabas de hablar para dejarlo dormir porque hey, la diferencia de horarios. Y al otro dia te levantabas con la pregunta de si todavía estabas durmiendo. Un día decidieron que hablar, realmente hablar, no hablar escribiendo, podía llegar a resultar, entonces sí, dale. A ambos les retumbaba el corazón en la garganta y no entendían por qué, pero después de admitir lo raro y excitante que era hablar con alguien del otro lado del mundo, se les pasó. Y hablaron hasta que el sol se hundió de este lado, d…

(la lista)

El pan. Casero. Eran bollitos con aroma fresco a levadura.
Las sierras, que allá arriba con el frío y el cielo encapotado tenían un dejo escocés.
Las tazas de té, el té, las teteras.
La maleza siempre verde y siempre viva, y las flores silvestres en el pelo.
Los puñados de mármol chiquitito, blanco y a montones que pude haber traído, pero que iban a pesar demasiado.
Los artesanos, las artesanías, las cosas hechas a mano y las manos que crean.
Viajando, que sonaba perfecto en el auto sobre la ruta.
La música en vivo, en la calle o junto a la mesa.
La comida casera.

Una lista de las cosas del verano que me hicieron acordar a vos.

To run into

To run into no es lo mismo que correr adentro, no. ¿No?
Correr adentro. Adentro suyo. Tomar distancia, respirar profundo y correr. Y entrar. Entrar y acurrucarme ahí, in between, entre sus costillas, una mejilla contra el corazón, los ojos cerrados en la oscuridad, abrazar su calor desde adentro. No querer salir más. No salir más. Never.

La piel al sol

Lo níveo de mi piel al sol radiante. El aroma a protector solar y tu risita burlona. Tus dedos entre los míos, tu mano que tironeaba de la mía, guiándome lejos del sendero, porque perdernos siempre va a ser más divertido. Encontrarme entre tus brazos, enredados en la maleza, en lo silvestre, en lo siempre verde. No tengo aún otra forma de sentirme más viva. El viento frío de las sierras que quema las mejillas y la nariz, y que a mitad de nuestro enero es una bocanada de aire fresco.  El calorcito de la casa, que nos estaba esperando. La puesta del sol, esa hora mágica que nos tocaba ver a través de la ventana. El agua caliente a chorros sobre el cuerpo helado. Cerrar los ojos, aguantar la respiración y meter la cabeza. Las toallas espesas que si bien no eran abrazos tuyos, muy cerca estaban. Con ese olorcito a suavizante y a placard de madera. Tu risa clara y brillante al ver los besos que el sol dejó sobre mi piel. Tus manazas pesadas untando el post-solar fresquito a lo largo de …