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Musa

¿Alguna vez sentiste en tus huesitos lo que es ser inspiración? ¿Dejar de ser vos en carne propia para pasar a ser vos en el aire, en las ráfagas de viento, en la calma antes de la tormenta?
¿Tenés alguna idea sobre cómo se siente verte más allá de sus ojos, de sus manos, de su boca, salida del centro de su alma, de lo más recóndito de su cabeza, donde sos humo dulce que niebla los sentidos, donde estás grabada a fuego, donde estás clavada a todos y cada uno de los vagones de sus trenes de pensamiento?
¿Te pasó de verte trazada en tinta, con tus curvas dibujadas con los ojos cerrados, un ademán ciego, una voltereta en el aire que terminó aterrizando sobre ese papel medio arrugado, medio con aroma a él después de haberle dormido encima quién sabe cuántos días?, ¿o quizá leerte entre, debajo y sobre las líneas del principio al fin de un cuento enredado, un poema cortito, una canción sin rima ni métrica?
¿No sabés de qué te hablo cuando te cuento sobre saberlo sentado ahí, frente a la lista de sus obligaciones, agarrándose la cabeza, tironeando de sus cabellos, apretando los dientes, porque la concentración no existe después de vos?
Agarrate, catalina, porque todo eso es un mar de escalofríos y piel de gallinas enloquecidas en el corral, una sonrisa boba, manos húmedas, un papel tembloroso, un nudo en la garganta y unas eternas ganas de más.

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