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Capítulo 3


Me tiemblan las manos y no puedo escribir, no puedo. Los números al revés en el polvo pegado al suelo helado, los susurros cegando mis oídos sangrantes. Noches eternas sin poder pestañear, sin poder pegar los párpados ya sin pestañas, ¡me las arranqué todas!
Sus voces, esas voces como lenguas embebidas que se arrastran bajo mis harapos, sobre la mugre de mi piel, violentando mis recovecos y sacudiendo mis entrañas. Voces putrefactas que guían mis pasos en las tinieblas, sobre el entablonado rechinante, entre las sombras que se arrastran y se enredan en los callos de estos pies sin dedos, ¡me los arranqué todos, ajajajajajajaja!
Y de repente ella me dice "ahora quiero tus dientes... uno... uno por uno", y mi corazón errante castañea, me tiemblan las rodillas, mi cabeza le da un beso a los garabatos arañados en el piso y quiero aire, necesito aire, se me quiebran y me sangran los labios.
Su figurita sensual merodea a mis alrededores y mete sus deditos sucios en mi boca, me acaricia las caries, me araña la lengua y me ruega por favor.
Y lloro ácido y ahí van. Uno... dos, argh... ¡tres!


Tercer capítulo del cuento de la segunda performática del laboratoio de narrativa noise de Los Cenobitas.
3·8·2013

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Inspiraba. Y suspiraba. Y a su alrededor y por sobre su vestido desparramado y sus piernas largas y toda su piel morenita bailaban las motitas de la luz del sol que se colaba por entre el follaje del árbol, que rebotaban acá y allá, le hacían cosquillas que ella ni sentía, la acariciaban de arriba abajo y se mecían en silencio.
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